Otro detalle debería ser la racionalización de los recursos económicos disponibles seleccionando
pocos proyectos, pero intensamente dotados, en vez de muchos proyectos con escasa asignación de recursos. Esto requeriría decisiones de carácter nacional, y no decisiones regionales, cuya fragmentación va justamente en sentido contrario a la consolidación de recursos que aconseja la eficacia.
Implantar artificialmente proyectos de I+D en los que España no tiene ninguna tradición puede hacer que nuestros más encomiables esfuerzos puedan verse barridos de un plumazo, en el momento que países más poderosos detecten que la tecnología ha entrado ya en fase de rentabilidad comercial, y no esté meramente soportada por subvenciones. sería sorprendente que España llegara a ser un líder mundial en tecnologías fotovoltaicas, cuando no lo es en otra tecnología próxima como puede ser la microelectrónica.
Un aspecto de capital importancia es que nuestro actual modelo educativo debería ser revisado en profundidad. Por lo que se ha comentado, es evidente que la educación debería estar orientada hacia un modelo que potenciara en España la sociedad del conocimiento. Ello obligará a seleccionar y formar cerebros de élite cuya educación debería ser especialmente cuidadosa. Si hablamos de deportistas de élite, ¿por qué no podemos hablar de estudiantes de élite?
En este sentido, quizá convenga recordar que si algún día en España se realizara la revisión del
modelo educativo que se sugiere, debería considerarse la potenciación de valores tradicionalmente asociados al personal investigador. Es decir deberían implantarse en las aulas valores como curiosidad intelectual, rigor científico, esfuerzo sostenido, paciencia, profesionalidad, orden, persistencia, disciplina personal, minuciosidad, etc.
Puede que estos valores suenen a clásicos, pero que yo sepa, no se han inventado todavía los que les han sustituido en la labor investigadora.
De seguir así las cosas, puede llegar un momento en que sobre algunos temas complejos, simplemente no solo no sepamos cómo hacerlos, sino que posiblemente no seamos ya capaces de entender lo que hacen otros. O hemos llegado ya a ese punto?
La situación es pues inestable e insostenible. En este ascenso por la escalera de la competitividad internacional solo hay dos caminos. O tomamos impulso y comenzamos a subir la
escalera con decisión hacia la sociedad del conocimiento y la tecnología, o no nos quedará más
remedio que comenzar a descender por la misma hacia salarios y nivel de vida “más competitivos”.Sobre este particular hace algún tiempo que se observan indicios de que esta tendencia ya se ha iniciado.
Desde aquel famoso exabrupto de Unamuno en 1909 “que inventen ellos” hasta el día de hoy,
“ellos” han seguido y seguirán inventando, y cada vez más.
Imprescindible: Importantes reflexiones de Carlos Blanco Profesor de la Universidad Europea de Madrid. Me deprimo
Artículo en BIT (revista del COIT)